22/10/13

(part. 2) Blue Mountains .

Fueron aproximadamente 18 estaciones de tren las que tuvimos que pasar para llegar a Katoomba. Ni bien nos bajamos nos acercamos al local de Explorer Bus, en busca de nuestros pases para el bus que nos lleva al parque nacional, y de nuestro pase libre para Scenic World. Una vez ya con nuestros pases nos fuimos a caminar un poco por el pueblo, para hacer tiempo y a la vez encontrar una farmacia en donde poder comprar protector solar, Diego ya está prendido fuego, no se puede ser tan tan blanquito che! jaja

El Explorer Bus, es un bus de dos pisos, estilo inglés, que recorre el parque, tiene diferentes paradas y podés subirte y bajarte en todas las que quieras, todas las veces que quieras (dentro de un horario determinado), y cada una de las paradas, te conecta con diferentes partes del parque nacional, en donde hay distintos senderos que te acercan a cascadas, o a distintos puntos de vista sobre el valle. 

Nuestra primera parada fue la número 9, en donde se encontraba una de las estaciones terminales del Skyway, una especie de teleférico gigante, con el piso de cristal, que cruza de una punta de la montaña a la otra, por el medio del bosque a 270 metros de altura y recorre 720 metros con una vista de 360º! Y esas fueron nuestras primeras impresiones de Blue Mountains!!!

Muchos de los senderos, o conexiones a actividades, estaban cerrados porque toda la zona está en alerta de peligro de incendio, por lo que pudimos recorrer menos de lo que pensábamos (de todas formas, recorrimos hasta que las piernas no nos respondieron más!)

Conectamos ahí mismo con el Cableway, que hace un descenso de 545 metros hasta Jamison Valley. Es una cabina completamente cerrada, pero también de vidrio por lo que a medida que se va descendiendo y entrando al bosque, se puede ver a través de todas sus paredes. En el descenso las mejores vistas son las de Three Sisters, Orphan Rock, Mt. Solitary y Katoomba Falls.

El Cableway desemboca directo al Walkway de Jamison Valley que era una zona en alerta, por lo que sólo pudimos recorrer una parte de sus 2.4 kilómetros. El ruido de las chicharras era constante e insoportable, fuimos todo el recorrido con ese sonido en nuestros oídos, tanto, que aún estando en el tren de vuelta, teníamos la sensación de tener esas bocinas acompañándonos todavía.

La última aventura fue en el Railway. Es un tren que sube a través de una colina de 52 / 64 grados de inclinación. Desciende 310 metros por una túnel dentro de la colina, como una montaña rusa, descendiendo de frente y ascendiendo de espaldas!

Después de montar en todas estos aparatejos que te permiten tener vistas increíbles del lugar, nos fuimos a hacerlo a la antigua, siguiendo distintos senderos, hasta agotarnos (y broncearnos a más no poder)

Y cerca de las 18 hs. estábamos ya tomándonos el próximo tren a Sydney, agotadísimos!
Pepa hizo una siesta larguísima, casi sin planearlo y para cuando llegamos a la estación Central, estaba lista para seguir de gira.

Pasamos por el hotel, y nos libramos de todas las cosas que llevábamos a cuestas, buscamos un abrigo, sólo por si acaso (de momento el tiempo nos acompaña con buen clima, cuando no hace un buen calor, esta muy bien para remera). Y partimos rumbo a Circular Quay con la idea de ver los ferrys para Manly pensando en el día siguiente y pasamos por Bridge Climb para chequear la posibilidad de hacer la última escalada al puente de día (la que se hace ya estando de noche).
No tuvimos suerte, ni pudimos comprar los tickets para Manly por adelantado, ni pudimos hacer la escalada al puente, ya que llegamos tarde, tardísimo. La excursión dura aproximadamente tres horas y media, y para cuando llegamos al lugar, la última, hacía ya una hora y media que había salido.

La escalada va a tener que esperar un día más, a su última chance.

Y mientras tanto, una vuelta por Circular Quay, nuevas vistas al Harbour Bridge y a la Ópera de Sydney, no le vienen mal a nadie. Caminata, y otra mirada más, distinta hora, distinto día, mismo lugar! 

Algunas fotos tienen ciertos detalles que nos sorprendieron. Por un lado, hay en todas las partes de la ciudad, cajas con botellas de agua, y un cartel de que podés agarrarlas, que el precio es un dólar y que está librado a la voluntad de cada uno, dejarlo o no, sobre la caja! Y por otro lado, gente con celulares. La gente esta todo el tiempo con el celular, nos sorprendió muchísimo más que la señora en la calle leyendo mensajes, la gente que se sienta a comer acompañada y esta desde que llega hasta que se va, cada cual, mirando su celular, sin intercambiar palabra alguna!!!!!

Mamá, Papá….

Estamos en SYDNEY!!!
























































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